![]() |
20 de septiembre de 2009
MELANIE REIRIZ (IDEAPRESS) SANTA CRUZ DE TENERIFE
Hace más de 500 años que un escribano redactó el que hoy es uno de los primeros documentos escritos que se conserva de la historia de Canarias y el más antiguo del Archivo Histórico de La Laguna. Se trata del acta de una de las reuniones iniciales del que fuera el primer Cabildo de Tenerife, un documento de gran valor histórico que abre una puerta importantísima para conocer la vida de los primeros habitantes de la Isla tras la conquista, así como el nacimiento de La Laguna como una de las ciudades más significativas para la historia de Canarias.
Tal y como explica el director del Archivo Histórico Municipal, Luis González Duque, en La Laguna estuvo ubicado el primer Cabildo, que manejó todo lo concerniente a las leyes y usos de la época. Los legados incluidos en los libros de acuerdos del Cabildo constituyen un documento importantísimo a la vez que poco conocido para los ciudadanos. Sin embargo, para los historiadores no lo es en absoluto, según afirmó el principal renovador de los estudios históricos en Canarias, Elías Serra Rafols, quien publicó los Libros de Acuerdos del Cabildo de Tenerife desde 1497, en colaboración con el investigador Leopoldo de la Rosa, con estudio, introducción y anotaciones de ambos. Allí explica que las actas o acuerdos del Cabildo, aunque redactados sin transmitir una narración a la posteridad, "forman una serie bastante continua de su historia". De hecho, ofrecen en abundancia fechas históricas, aunque no exentas de debate. Como curiosidad, muchas veces el día de la semana está en desacuerdo con la verdadera data mensual. Como explica el historiador, si el error fuese tan sólo de un día cabría pensar que usaban un calendario discrepante del común, pero más bien parece fruto de la mala memoria.
Complicaciones
El paso de los siglos ha dejado su huella sobre este documento y no se conservan todos los caracteres, por lo que hay extractos que son prácticamente imposibles de entender. Aunque el texto está publicado, los originales "deberán quedar siempre como testimonio de certeza y, además, de la paciencia y perseverancia sin fin que hemos tenido que prodigar para su transcripción y, a menudo, casi adivinación", explicó en su momento Serra Rafols. Este castellano estaba escrito con letra cortesana y su lectura es una misión complicada. De hecho, a menudo es dudosa la elección del escribano entre f o h, o entre las consonantes j o y. También hay que tener en cuenta el uso habitual de abreviaturas y la ortografía común de aquel momento, (escrivano, tienpo).
En esta primera reunión de la que hay constancia se reguló un asunto ganadero cuya falta de texto imposibilita su completa interpretación, aunque se desprende que en él se regulan, en concreto, el precio de las vacas, que alcanzaba los tres maravedíes dependiendo de si los dueños residían en la Isla o no. Por otro lado, también se regula la matanza de cochinos, que debía hacerse en una carnicería en el caso de que fueran animales de vecinos que viviesen fuera de la Isla. Las siguientes actas no difieren mucho de la más antigua localizada, y también regulan la posesión de vacas, yeguas o puercos que, en el caso de encontrarlos vagando libres, podrían ser sacrificados por quien quisiese.
El texto recoge, asimismo, prohibiciones y castigos bajo pena de cien azotes a los que hicieran fuego y lo traspasaran de una casa a otra. Otros cien le caerían a los vagabundos o a aquellos hombres que no tuvieran hacienda en que vivir y estuviesen "holgando". Las multas económicas también estaban a la orden del día, pues se debían pagar seiscientos maravedíes si se pillaba a un ciudadano realizando "procuración de ninguna estrangero".
En estos documentos se recogen normas sobre los guanches que se negaban a someterse a esclavitud, que recibían el nombre de alzados y que fueron otro de los temas que más atormentaron al Cabildo. Sin embargo, los historiadores han logrado deducir que la mayoría de las ordenanzas que se incluían en estas actas quedaban incumplidas, aunque algunas de ellas eran drásticas y entorpecedoras, como dónde deben apacentarse las vacas, cuestiones a las que, según Serra, "nadie les hacía ni caso".
En apariencia no hay pérdidas de folios, por lo que, en los periodos vacíos, o no se reunió el Cabildo o no se registraron en acta por un escribano. Sin embargo, se pudo comprobar cómo había sido alterado el orden de las hojas, probablemente debido a algunos añadidos posteriores.
El guardián de la historia
El Archivo Histórico Municipal de La Laguna es el más importante de Canarias. No sólo porque contiene los documentos más antiguos del Archipiélago, sino porque describe el devenir tinerfeño desde fines del siglo XV hasta bien entrado el XIX. La documentación custodiada en el Archivo, ubicado junto al Registro en el propio Ayuntamiento de La Laguna, constituye un catálogo de todas las actividades llevadas a cabo por la que fue máxima autoridad insular durante los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX, el Cabildo tinerfeño, establecido desde el origen en la ciudad de La Laguna. A través de sus Actas podemos penetrar en la historia isleña y canaria, pues la esfera de actuación del Consejo, Justicia y Regimiento de Tenerife se extendió más allá de su marco geográfico. Múltiples facetas de la vida pública de nuestro pasado se encuentran en estos más de 500 legajos: repartimientos de tierras, producciones agrarias, industria, sanidad, educación, comercio, etc. que describe el devenir tinerfeño desde los inicios de la conquista y colonización castellana a fines del siglo XV hasta bien entrado el siglo XIX, sin interrupción. El Archivo de La Laguna presta sus servicios en tres direcciones diferenciadas. Por un lado a la propia administración local, aportando la rapidez de búsqueda de la documentación agilizando los trámites administrativos, sin olvidar el servicio que presta al ciudadano, con información sobre asuntos que le afecten directamente y que garanticen sus derechos y deberes constitucionales. Por último, un servicio al investigador, ofreciendo las máximas facilidades de consulta y elaborando instrumentos de descripción que faciliten su trabajo. Todo ello se complementa con la organización de actividades paralelas tendentes a la difusión del legado documental. |