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27 de julio de 2009
GREGORIO CABRERA
- Cuando una persona desaparece se destruye un patrimonio de conocimiento y de memoria del ayer. Es una obviedad, pero, ¿no cree muchas veces parece que la sociedad no es consciente de la importancia de mantener este legado?
- Da la sensación también de que la historia pasa de puntillas en ocasiones sobre las vidas de los hombres y mujeres anónimos, que también son los que hacen esa historia.
- Es evidente. Todo el mundo es importante. No hay ninguna vida que no sea importante, única, especial... Justamente de esta gente no queda en la historia nada más allá que el número, por así decirlo, el bulto. Pero ahora podemos reconstruir sus vidas, sus preocupaciones, su ambiente y toda esa sabiduría y esa cultura que para otras épocas de la historia se ha perdido. Pero ahora lo podemos saber, y sería una pena no hacerlo. Su historia es el origen inmediato de la nuestra y estamos viviendo con gente que se han formado en otras épocas y que tienen mucho que enseñarnos.
- Queda claro por lo tanto por qué usted incide tanto en la importancia de crear archivos orales...
- Sí. Sean de tipo que sean, estos archivos -municipales, insulares o regionales- tienen que tener una sección de fuentes orales. Hay que mentalizar a las instituciones y a los archivos de que esto es una documentación de suma importancia y que hay que ocuparse también de ella. La formación de los archivos los orienta más hacia la documentación escrita. Pero tienen que asumirlo. Al igual, por ejemplo, y con la misma naturalidad, que se ha incorporado la imagen, hay que incorporar también el sonido.
- ¿Qué iniciativas conoce en Canarias que marquen el camino en esta dirección?
- Se trata por lo general de esfuerzos dispersos e individuales. En la Universidad de Las Palmas existe un grupo de trabajo que estamos inmersos en esta materia. Nos hemos puesto de acuerdo para recuperar documentación personal y depositarla en el Archivo Histórico Provincial, que nos parece el sitio más adecuado. Ya llevamos bastantes años en esto. Pero, generalmente, los que han investigado en Canarias aspectos como la posguerra o el impacto del turismo se han quedado con la documentación y no la han depositado en un lugar donde esté al alcance de todo el mundo. En un trabajo de historia uno tiene que basar sus afirmaciones en pruebas y las pruebas en este caso serían las declaraciones, y si alguien quiere comprobar la veracidad de las afirmaciones tiene que poder recurrir a las fuentes. Pero lo realmente importante es que esa riqueza coge el peligro de perderse, porque esa persona desaparece, porque pierde el interés o simplemente porque no las conserva en las condiciones adecuadas. Y eso ya no hay manera de recuperarlo. Cuando mueren estos poseedores de la documentación, la mayor parte de las veces ya se pierde al no estar depositada en ninguna institución pública.
- Acaba de impartir un curso sobre fuentes orales en Lanzarote, en el marco de la Universidad de Verano. ¿Qué aspectos ha pretendido subrayar especialmente entre los asistentes?
- Ellos ya venían motivados. Son gente que tienen esa curiosidad e interés por el mundo de sus abuelos o de sus padres. Lo que he procurado es proporcionarles la formación mínima necesaria para que se puedan lanzar a recopilar documentos y en base a estos documentos a escribir la historia más reciente. Se puede desarrollar cualquier cosa. Un barrio, un edificio, un pueblo, un sector, una persona... La vida de una persona es también el reflejo de una época.
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